“Para innovar hay que enamorarse del problema”: Alejandro Ambrad

Por Olga Patricia Rendón Marulanda

Luego de varios años trabajando en empresas de consultoría estratégica y de entender por qué las grandes consultoras no funcionan, el cartagenero Alejandro Ambrad Chalela fundó Mentes a la Carta con la idea de poner al servicio de los empresarios a las personas con mayor experiencia en innovación en el mundo.

Dice que tras haber vivido aciertos, pero, sobre todo, errores en los que muchos de sus clientes en el mundo han caído a la hora de innovar, ha descubierto los secretos de la innovación.

El autor de La estrategia del delfín, ¿Cuánto vale tu pescado?, y Los secretos de la innovación habló con Visión Estratégica.

¿Cuál es la semilla de la innovación?

“La semilla de la innovación no son las ideas, mucha gente confunde innovación con ideas o con el Eureka del científico. Realmente la semilla la innovación son los problemas y nos sentimos incómodos con los problemas, cada vez que surge un nuevo problema tratamos de evitarlo, de procrastinarlo, de solucionarlo a la ligera, y no damos cuenta de que cada nuevo problema es una oportunidad para crear una solución realmente innovadora. Existen dos tipos de problemas: los problemas técnicos que son fácilmente resueltos por un experto, por ejemplo, que se te dañó el computador, pero hay otros problemas que no han sido solucionados efectivamente en el pasado o que las soluciones que se la han intentado dar no funcionan, que generan conflictos recurrentes y a veces desencadenan en una crisis, esos problemas requieren de innovación”

¿Cuál es la mejor forma de innovar?

“Mucha gente piensa que para innovar dentro de una empresa hay que encerrar a la persona más innovadora de la compañía en un salón y dejarlo pensar por horas, yo creo que hay que tener en un mismo espacio, físico o virtual, a 20 personas de distintas áreas de la compañía, clientes, proveedores de afuera, entre otro público objetivo, a que piensen en maneras creativas de solucionar el problema. Las consultoras siempre han tratado de asesorar en innovación con expertos, pero lo que hay que hacer es colaborar con gente diversa.

Ahora, esto tiene que convertirse en un sistema de innovación, porque toda innovación tiene fecha de caducidad. 

Cuando la competencia vea que lo que se hizo funciona lo va a copiar; entonces, la única forma de que este modelo sea exitoso es convertir la innovación en una herramienta duradera, para innovar de forma recurrente.

Este sistema debe abrir los canales para que todos propongan, permitir los espacios para que todos trabajen juntos en las soluciones, premiar a las personas que logran resultados a través del

negocio y no solamente de las ideas, y encontrar los mejores retos para financiar los proyectos o las soluciones que salgan”.

¿Qué tan fácil es cambiar esa cultura?

“Cambiar es muy difícil. Tenemos tanto en las empresas como en nuestra cultura colombiana un conservatismo exagerado, aquí tenemos dichos como ‘es mejor malo conocido que bueno por conocer’, entonces nos quedamos toda la vida con el malo porque nos da miedo el cambio. Siempre digo que ‘en el mundo no sobresalen los mejores sino quienes se atreven a ser diferentes’ y aunque mucha gente piensa que la palabra más importante de esa frase es ‘diferentes’ la verdad es que la palabra poderosa es ‘atreven’, hay que atreverse, superando el miedo al fracaso.

Lo curioso es que las empresas grandes cada vez se atreven menos, porque los errores les cuestan más dinero, porque no entienden la necesidad de arriesgar lo que ahora les está funcionando, pero el éxito es peligroso”.

Se cree que innovar es muy caro, ¿eso es cierto?

“Ese es otro mito, y pasa porque limitamos la innovación al tema tecnológico, pero los taxistas innovan, las funerarias innovan, los zapateros innovan, todas las empresas de todos los sectores pueden y deben innovar y todas las personas dentro de las empresas de todos los sectores pueden innovar, desde la persona a la entrada hasta el gerente general de la organización.

No podemos confundir innovación con sofisticación. Si nosotros aprendemos a profundizar en el problema estamos dando más del 50% de los pasos para innovar sin proponer ni una sola solución y sin gastarnos un peso. Entendiendo bien el problema estamos dando los pasos más importantes para innovar y en ese tipo de cosas la gente se equivoca. Muchas empresas gastan muchos recursos en pañitos de agua tibia que atacan los síntomas temporalmente, pero que no solucionan el problema de raíz, porque no se detuvieron a entenderlo, y eso sí que sale caro”.